Tuesday, April 28, 2015









    ACERCA DEL CARNICERO DE LYON
Fragmentos de un artículo, de una entrevista y de una carta personal


FRAGMENTO DE UN ARTICULO DE JULIO C. CARMONA

"Y hago reflexión de todo esto, después de leer la novela El carnicero de Lyon, de Manuel Lasso. Sin lugar a dudas, existe un solo personaje con ese apelativo que da título a la novela. Y no es otro que Klaus Barbie,



el tristemente célebre miembro de las huestes hitlerianas que tantos crímenes cometiera no solo en Lyon, Francia, sino por todos los lugares por donde sus botas –equivalentes a los cascos de Atila– no dejaban crecer la yerba. Y mi primera reacción fue como aquella: ¿y ahora dónde lo pongo, si ya sabemos quién fue y cómo actuó y a cuántas personas asesinó? Y estuve tentado de abandonar la lectura. Pero –y es virtud del novelista– el personaje histórico y su anécdota pasaron a un segundo plano; el informe periodístico, el dato sociológico, las cifras estadísticas se esfumaron para dar paso a la acción y la pasión del personaje literario. Las palabras (como las imágenes en movimiento del cine) dan vida a otro ser. Del personaje histórico se nos dice que mató a cientos de personas en Europa o en Bolivia o en Perú, y nos horrorizamos por la magnitud del siniestro; pero al personaje literario lo vemos torturar y eliminar a sus víctimas, pero además lo vemos reírse de eso, vanagloriarse de eso y adorar a los jefes que le dieron la orden, y justificarse a sí mismo y, de paso, a ellos, con el rostro impasible y la conciencia sucia con la cruz gamada destilando sangre.



Pero la inveterada costumbre de no dejarnos obnubilar por la destreza técnica del narrador, nos lleva a preguntarnos, otra vez, ¿y ahora dónde lo pongo? Y es entonces que surge la responsabilidad del lector literario. ¿Me contento con la simple anécdota?, ¿es esa la intención de esta novela, y es que está tomando el tema como pretexto para hacer alarde de su virtuosismo técnico? o, por último, ¿hay un mensaje oculto, subyacente en esa estructuración? De ser así, ¿cuál es ese mensaje?: ¿otra vez “llorar sobre leche derramada” para minimizar la sangre vertida hoy con similar ensañamiento por otros carniceros, clones siniestros de aquel de Lyon? 
Y lo que hago es interpretar, a partir de los elementos proporcionados por la misma novela. Y veo abrirse una doble perspectiva. Por un lado, la que sugiere el propio protagonista, de convertirse en modelo para otros esbirros en América (especialmente, Bolivia y Perú), es decir, buscar el amparo de regímenes similares al suyo para que lo blinden y serles útil en sus respectivos países. Por eso, cuando se entera que los servicios de inteligencia de Israel le siguen los pasos como perros de presa: “Klaus siguió tosiendo, muy rubicundo, inhalando el aire con un silbido y con los ojos que se le salían, pero dio un último tosido y se calmó. Pensó que si la Mossad iba a secuestrarlo en La Paz o en Lima tendría que ponerse en los tobillos un collar con púas de acero como los de su doberman, para que a sus captores no les fuese tan fácil aprisionarlo.”
Y, por otro lado, se abre la otra perspectiva (a la vez sorpresiva) de las luchas populares (que tienen un único cordón umbilical que las une en todo el mundo), a partir del capítulo 15, se abre un nuevo frente narrativo: los republicanos españoles que, casi paralelamente, llegan a refugiarse en América.



Y se constituyen en adoctrinadores de esas luchas (no olvidemos la participación de Alberto Bayo Giroud en los preparativos de la revolución cubana). Y uno de esos españoles, Iván Gonzales –protagonista del capítulo 15–, encuentra apoyo en el peruano Anselmo Sánchez y en su hija Manuela, siendo esta última quien tiene en sus manos la oportunidad de ajusticiar al “carnicero de Lyon”, convertido en “carnicero de Lima” (empleándose como fámula en casa de este), luego de que su padre fuera victimado por la policía secreta “peruana” asesorada por Klaus Barbie. La performance de este no solo lo convierte en “el carnicero de Lima”, sino de toda América Latina. Cada una de nuestras dolidas repúblicas ha tenido un Klaus Barbie en su historia. Es pertinente mencionar sólo a los más feroces: Rafael Leonidas Trujillo, Rep. Dominicana (1930-1961); Anastasio Somoza, Nicaragua (toda una dinastía: 1937-1956); Gustavo Rojas Pinilla, Colombia (1953-1957); Francois Duvalier, Haití (1957-1971); Carlos Castillo Armas, Guatemala (1954-1957); Fulgencio Batista, Cuba (1952-1959); Humberto Branco, Brasil (1964-1967); Hugo Banzer, Bolivia (1971-1978); Alfredo Stroessner, Paraguay (1954-1989); Juan María Bordaberry, Uruguay (1972-1976); Augusto Pinochet, Chile (1973-1990); Alberto Fujimori, Perú (1990-2000). Sin mencionar, por obvios, a los que han gobernado USA, lo cierto es que cada cual se empeñó en ser una “versión mejorada” de su común padre putativo.
Pero Manuelita Sánchez y su padre y los milicianos españoles y todos los mártires de esos carniceros en Nuestra América son nuestros padres y madres apodícticos. Nosotros somos herederos de las víctimas de esos carniceros. Si muchos de ellos fracasaron en su intento justiciero (como es el caso de Manuelita Sánchez, en la novela), con ese solo intento queda abierta la posibilidad de que otras Manuelitas Sánchez continúen con ese objetivo supremo de alcanzar justicia (sin olvido ni perdón) en contra del nazi-fascismo, porque si bien el “carnicero de Lyon” murió viejo y loco en su cárcel perpetua, sus herederos siguen adosando a su actividad carnicera el nombre de los pueblos que luchan por acabar con la ideología de los Hitlers y Mussolinis que gobiernan el mundo como líderes del ultra capitalismo liberal: el más feroz carnicero de la Historia Universal."
Tomado de Julio Carmona: “El carnicero de Lyon, Un itinerario de muerte” El khipu de Juan Yunpa. 2013



FRAGMENTO DE UNA ENTREVISTA

"ML. No necesariamente. La verdad es que Klaus Barbie fue siempre un enigma para mí. Invariablemente estuve expuesto a noticias indirectas de su existencia. Cuando yo era un niño, él vivía en una casa contigua a la mía. Nadie sabía que se trataba del Carnicero de Lyon. Obviamente se estaba ocultando y nunca nos enteramos de las señas personales de este vecino. Lo único que sabíamos era que se trataba de un alemán a quien le gustaba criar perros de raza fina y que era un hombre muy malo. Eso era todo. Los domingos por las tardes se escuchaban a todo volumen unas marchas militares que provenían de su casa pero que tampoco podíamos reconocer. Ahora estoy convencido de que se trababan de marchas militares del Tercer Reich con las que los ejércitos nazis hacían sus desfiles y celebraciones en las ciudades de Alemania. Nos separaba una enorme pared de ladrillos blancos. El agua del jardín pasaba al de él por un forado que alguien había hecho tan grande que permitía que pasaran tres personas juntas. En nuestra inocencia, junto con mis hermanos, pasábamos a su patio y nos entreteníamos con unos juegos infantiles que allí había. Pero a él nunca lo vimos. Pienso que de habernos visto nos habría corrido a balazos tal como ocurre en la cámara de tortura en el capítulo Los visitantes. Y nosotros, volteando la cabeza desde el forado, le habríamos gritado: "¡Muerte a Hitler! ¡Muerte a Hitler!

Tomado de Entrevista de Consuelo Tomas Fitzgerald.  Aurora Boreal. Dom, 26 Abri 2015



FRAGMENTO DE UNA CARTA
Comunicación personal


"Habrás de ir en coche por la carretera central. Será una mañana soleada, como siempre, con un poco de neblina subiendo hacia la sierra por la falda de los cerros.

Al llegar a un lugar llamado Tarazona, sale de esta carretera  un camino,


una cuesta, hacia la derecha que lleva al campo universitario de La Cantuta. Sí, recuerdo esa pista en bajada (por la que caminé muchas veces); luego un puente sobre el río y otro sobre las líneas del ferrocarril.
Pero antes de esto, cuando estés por abandonar la carretera central, si puedes hacerlo, verás a mano izquierda, hacia el norte, (hacia el lado opuesto a la entrada) dos casas. El de la esquina que es donde yo residía por esa época. La casa que le sigue, hacia el este, hacia Lima, era la casa donde vivía el Carnicero de Lyon. Hoy me parece que esa segunda casa, con sus juegos infantiles, ya no existe. En su lugar, es posible que haya otra cosa.
En 1986 conocí a un escritor que a comienzos de los sesenta era estudiante de educación en La Cantuta y que dos décadas antes, en 1961, le tocó hacer el censo de cuatro casas en ese lugar. El vio la casa donde yo residía y luego pasó a la siguiente, a la segunda casa, donde se entrevistó con Klaus Altman , pero él no se dio cuenta que se trataba de Klaus Barbie, porque en esa época nadie sabía nada acerca de él. Posteriormente, en 1973, casi una década más tarde, por la época del asesinato de Banchero, se descubrió que  Barbie se encontraba en Lima por mucho tiempo. Había cambiado de domicilio; pero seguía por allí. Su fotografía apareció en la primera plana de una revista, tan igual como se publicó la imagen de Adolf Eichman cuando se le encontró en Buenos Aires.
Esta información me confirmó, en 1986, que en esa segunda casa había vivido el Carnicero de Lyon."

Manuel Lasso





“El Carnicero de Lyon”, de Manuel Lasso

Puede adquirir una copia en:











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