Sunday, June 7, 2015








 TO DIANE


          It seems inconceivable that we do not have access to eternity; but it is the truth.
            At the moment of our birth, when we give our first cry, wrinkling our white substance covered face and sucking air with desperation so we will not suffocate, we do it with a death sentence on our shoulder.
          The masked physician, who brings us to this world, explaining with joy that the child has been  born without difficulties, as he rushes to cut down our umbilical cord  with a hatchet to definitively separate us from our mother, can not see our sentence. This hangs like  a towel from our necks; however he can not see it. He can not see his own sentence either. He holds it under his armpit. He makes efforts pressing his arm against his chest so it will not fall; however he can't see it. 

          We all come to this world with a final verdict. We do not know the day. We estimate that it must be in the future; but we do not know the exact moment. Could it be tomorrow? Or next year? Who could we ask to extend this final instant for us? Wouldn't there be someone who could make us live up to one hundred years or perhaps up to one thousand more to meet in person all those great artists and writers who will be born in this millennium? There are so many things we are going to miss. Unfortunately  God Almighty can not alter the natural order of the universe to grant us that grace. No matter how much faith we display during our prayers and what  sacrifices we could offer at that moment such extensions will not be possible.  It would be futile to make a deal with the archfiend, as Faust did, because this vicious animal is already satisfied with things as they are. He knows that with all the sins that I have committed he has enough to send me into the abyss. He has no interest in prolonging my life to go on sinning because he does not need it. So, no pact would be necessary.

          We could ask the pursuers of science, those dedicated workers who won Nobel Prizes for their brilliant discoveries, to give us a mysterious ale or tonic; but those poor little ones also carry their sentences from their shoulders and they can not do anything about it. Since their births they haul them without realizing it. How could they then give me an answer? If they are worse than me, how could they help me?

          Still without being completely convinced I believe that nobody can make me live to a hundred years or up to two hundred. I must be satisfied, for the moment, with what I have left of life and write down everything I can before the nonexistence could deprive me from doing what I like most: to hold the pen and let it run over the white paper.

          Although I am still very healthy, my curiosity makes my head turn towards my shoulder to read the date of my sentence; but despite all my efforts my eyes can not stretch far enough to see the numbers. Then I settle with the idea that I have to write all I can before it becomes too late.

 Manuel Lasso





A DIANA


          Parece inconcebible que no tengamos acceso a la eternidad; pero es la realidad.
          En el momento de nuestro nacimiento, cuando damos nuestro primer grito, arrugando el  rostro cubierto de una sustancia blanca, aspirando aire  con desesperación para no asfixiarnos, lo hacemos con una sentencia de muerte colgando de un hombro.
          El médico que nos trae al mundo, con su mascarilla, explicando con alegría que el niño ha nacido sin dificultades, que se apresura a cortar nuestro cordón umbilical con un hacha para separarnos definitivamente de nuestra madre, no puede ver nuestra sentencia. Esta nos cuelga de un hombro como una toalla. Sin embargo él no la puede ver. Tampoco puede ver su propia sentencia. La lleva debajo del sobaco y trata de apretarla contra su pecho para que no se le caiga. Sin embargo no la puede ver.
          Todos llegamos a este mundo con un veridicto final. No sabemos la fecha. Estimamos que habrá de ser en el futuro; pero no sabemos el momento exacto. ¿Podría ser mañana? ¿O el próximo año? ¿A quién le podríamos pedir que nos extienda ese instante final para que podamos vivir un poco más? ¿No habría alguien que pudiera hacernos vivir hasta los cien años, o tal vez hasta mil para poder conocer en persona a todos esos grandes artistas y escritores que nacerán en este milenio? Hay tantas cosas que nos vamos a perder.
          Desafortunadamente Dios Todopoderoso no puede alterar el orden natural del universo para concedernos esa gracia. No importa con cuánta fé recemos o que sacrificios ofrezcamos, esas extensiones no serán posibles. Sería inútil hacer un pacto con Mefisto, como lo hizo el Fausto, porque ese animal vicioso ya está satisfecho con las cosas tal como son. Él sabe que con todos los pecados que he cometido ya tiene  suficiente razón para arrojarme al abismo. No tiene ningún interés en prolongar mi vida.           
          Podríamos pedirles a los hombres de ciencia, a aquellos que ganaron premios Nóbeles por sus brillantes descubrimientos, que nos den algún brejaje misterioso; pero esos pobrecitos también tienen sus sentencias colgándoles del hombro. Desde sus nacimientos los llevan sin darse cuenta de ello. ¿Cómo podrían entonces darme una respuesta? Si están peor que yo, ¿cómo podrían ayudarme?
          Aún sin estar completamente convencido creo que nadie podrá hacerme vivir hasta los cien años o hasta los doscientos. Debo de permanecer satisfecho, por el momento, con lo que me queda de vida y escribir todo lo que pueda antes que la no existencia me prive de hacer lo que más me gusta: empuñar la pluma y dejarla correr sobre el papel en blanco.
          Aunque tengo una buena salud, mi curiosidad hace que mi cabeza gire hacia mi hombro para leer la fecha de mi condena; pero a pesar de todos mis esfuerzos mis ojos no se pueden estirar lo suficiente como para ver los números. Entonces me conformo con la idea de que tengo que escribir todo lo que pueda antes de que sea demasiado tarde.


 Manuel Lasso









A dead white whale... A dead white whale washed out on a Plymouth beach to the surprise of the party goers and the...